miércoles, 10 de abril de 2013

Odio el verde. (¿Parte uno?)

¿Le pasará a las demás personas lo que a mi?
¿En que piensan cuando miran por la ventana del bus? 
¿Qué tipo de fantasías tendrán? 
¿Qué música escucharán? 
¿Qué atmósfera habrá a su alrededor mientras?

Pero, ¿qué pasa cuando alguien llega a cumplir dicha fantasía?
¿Acaso se acuerdan de la música y atmósfera que les rodeaban?
Claro que no. 
- Hijos de puta, mal agradecidos, eso es lo que son... sí.

¿Y que hay de la ventana del bus?
Sin ella, no sentirían la dicha o la desgracia cuando cumplen sus fantasías.

Mal agradecidos.

Cosas como estás son las que pasan por mi cabecita, pensado que lo anterior es una de las filosofías más grandes que pude haber donado a este mundo, pendejadas random a las cuales solo les agregas un tono filosófico; que triste. 
¿Pero qué más puedo hacer? 
Tengo miedo y necesito distraerme con lo que me queda de cordura, ¡jamás me vuelvo a fiar de un escritor!
Según Lovecraft; "El miedo más grande que existe, es el miedo a lo desconocido". Vamos, sé que sus escritos eran fantasía sobrenatural
¡Pero obviamente no conocía a los Verde Limón!.

Y heme aquí, en un cuartucho barato, de un hotel barato más barato aun, custodiado por mujerzuelas, más caras que ambos, por cierto.

Escondiéndome no sé de exactamente quienes con camisas verde chillón.

Me acostaré en el mugroso colchón y haré de cuentas que así, todo se arreglará, como la mayoría de mis problemas, que por sorpresa de ustedes, se han arreglado así.
Acostado, pues, recordaré a lo que me llevo donde estoy y cómo, y convenientemente les darán a ustedes el climáx de la historia.

Después del maravilloso viaje por la ventana y bajarme del bús, me dieron ganas de acercarme al parque de frente a la parada, pues era el primer día de la feria ambulante, ya se hacía de noche

¿Por qué no recordar lo que una vez disfrute de la mano con mi madre hacía unos diez años?
Cuando sentía un amor de hijo y cuando mi madre sentía un amor de madre.

Seguía igual, los puestos, el ruido de los juegos mecánicos, las luces de neón, el olor de la humeante comida rápida, todo seguía ahí. Lo que culminó todo fue la noche, fría  como cuando niño. Entonces llegó el recuerdo de esa atmósfera infantil y llego para acompañarme esa noche.

Incluso conocí a una simpática vendedora de libros raros, asiática, japonesa parece, una natural y hermosa cabellera negra a los hombros y amante empedernida de la literatura francesa.
Parecía sacada de alguna fantasía y más fetiche mío. 
Me sorprendió el hecho de como llevé mi metalingüística al tratar de llamarle la atención, lo raro fue que me salió perfecto y quien sabe cómo exactamente, quedamos de vernos frente del parque a las once de la mañana, ella tenía que seguir atendiendo entonces.

- Mañana entonces, ¿eh? - Mientras caminaba en reversa, despidiéndome de ella

Hasta que llegó el tipo de verde limón.

Más bien, hasta que me embistió el tipo de verde limón.

Al estar alejándome de la feria, exactamente después de cruzar la avenida mayor vi con el rabillo del ojo que un muchacho un poco más grande que yo, corría a toda prisa con los ojos clavados en mi, como si hubiera nacido para ello y esperado toda su vida para el momento.
Yo me aparte de la banqueta, dándole vía libre, pensando que al pobre diablo se le hacía tarde para algo.

Extendió sus brazos y me abrazó, llevándome consigo en el aire por el instante en que me empujó, parecía que hubiéramos viajado hasta el pueblo más cercano, volando si se lo proponía. El señor muro detuvo esa divertida fantasía y a la señora banqueta, se le hizo divertido y fue cómplice al detener mi caída, raspándome parte de la espalda.
No se preocupen por Verde Limón, el se encuentra bien, parado a mi derecha, pateándome el estomago con bastante injundia, hasta pareciera que jamás cayó conmigo y tan rápido fue que siquiera me dio tiempo para aplicar la legendaria técnica del "hacerse bolita"

-"Jala de su brazo"-

Obedecí a ese susurro grave y casi gutural, al que señale como la voz del señor odio, estaba realmente molesto.

Lo jalé con la mayor fuerza que me fue posible, lo que pasó después me lleno de un hermoso sentimiento de satisfacción. Fue tan rápido que ni lo vio venir, cayó de frente y ahí yacía, al mi derecha, no se movía peo si respiraba
Tardé en reaccionar, empece a moverme, entonces sentí, lo que, por gracia divina, no había sentido todo el rato estando como piedra, el dolor empezó a hacer de las suyas en mis costillas.
Aún con el dolor, me puse en pie casi de un salto no fuera que Verde Limón reaccionara también.
Apoyándome en uno de esas barras verticales que separan la banqueta de la avenida, me giré para verlo, entonces el dolor se hizo más grande y, ¡el señor odio aprovechó el momento para apropiarse de mis sentidos!, le faltaba poco para tener mi cuerpo a su merced.

Primero se adueñó de mis ojos, a los cuales ordenó mirar hacia tres direcciones:
1. A mi lado izquierdo (Había nadie)
2. A mi lado derecho (Nadie)

3. Al joven Piedra Afilada, convenientemente junto al cuerpo de Verde Limón. (No todos mis objetos inanimados son señores o señoras, denme libertad)

El señor Odio mi dirigió hacía El Joven Piedra Afilada y empecé. Sólo para darle una lección.

Tuve que girar a Verde Limón primero, al primer golpe abrió los ojos, lo cual me hizo precipitarme, agarré oreja izquierda, lo levanté y empuje en el concreto con la mano derecha, mis manos iban rotando por toda su cabeza, acomodándose a un buen agarre, mientras, claro, azotaba su cabeza (ahora) con una pequeño escalón y cortina de una heladería.
Pues contra esa esquina rosada del escalón que fue tornándose roja, inclusive había atravesado el cráneo  por las pequeñas hileras que colgaban, y las que yacían en el suelo, como pequeños fideos, como rámen aguado. 
Pobre Verde Limón, su playera se arruinó, era rara la combinación verde limón y roja sangre de petirojo

Había perdido el control, tenía que moverme rápido, no fuera que me vieran o que Verde Limón regresara de entre los muertos, la ultima vez que eso pasó fue hace como 2013 años y no fue muy bien la cosa desde entonces...

Ya alejándome de la escena del crimen, como todo un veterano de guerra de película; con la mano en mi herida, caminando dificultosamente, y apoyándome en cuando podía, escuché un grito, me giré y vi a otros tres Verdes Limones, viendo el cadáver casi irreconocible de su compañero, me metí en el hotel barato, con todas las putas llamándome, pidiéndome por contratarlas. Pagué por el cuartucho barato y... Dormí como un bebé, sí; llorando toda la puta noche.

Desperté siendo las nueve y media, salí rápidamente a la cafetería (Para mi sorpresa, la de ustedes y la del escritor, tenía cafetería) Compré un diario y ahí estaba:
"Scout herido intentando detener a presunto ladrón" (Que título tan exacto, ¿no?)
En resumen pasó esto:
Acababan de asaltar a una acaudalada señora, los Scouts pasaban por allí y como acto heroico, detenían a todo sospechoso... tacleándolos.

-Bueno, para que aprenda... - Con sudor en la frente y pero un alivio de proporciones bíblicas
Regresé al cuartucho y me recosté en el asqueroso colchón, que ahora era el colchón más cómodo del mundo.

Faltaba una hora para verme con aquella vendedora de los señores libros, fanática de la literatura francesa.

¿O será señorita literatura francesa?

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